La reconocida estilista francesa -embajadora internacional de L'Oréal-, que trabajó para los diseñadores más importantes del mundo, entre ellos, Gucci, Armani, Dior e Yves Saint Laurent, visitó la Argentina invitada por L'Oréal, y presentó la nueva colección Feminine Dandy el pasado 24 de abril, en el Luna Park (Buenos Aires). La acompañaron Oscar Colombo, Silvia Aranza, Carolina y César Lozano, Jorge Sánchez, Ale Campos, Ernesto Dinardi, Gonzalo Pérez Paparella, Pino, María Laura Díaz Ramos y Guillermo Harry para Staff Cerini. Guenaou dictó workshops y seminarios técnicos, y ofreció una conferencia de prensa en donde dio lecciones de peluquería y contó su experiencia en su larga trayectoria profesional.
¿Por qué decidiste comenzar en el mundo de la coiffure?
A los 14 años yo estaba de vacaciones y quería hacerme un dinero extra, entonces mis padres les propusieron a unos amigos suyos, dueños de un salón, que yo trabajara con ellos para pasar el escobillón, ordenar las toallas, recibir a las clientas. En aquella época yo había decidido que quería ser psicóloga, quería estar cerca de la gente. Y gracias a esos dos años que pasé trabajando en la peluquería, me di cuenta que me gustaba muchísimo el contacto con los clientes, me empezó a gustar la materia cabello y descubrí que dentro del mundo de la peluquería había una gran parte de psicología que me gustaba. Mis padres lo lamentaron, porque pensaron que por haberme llevado ahí a trabajar no iba a estudiar y lo tomaron mal, pero después se dieron cuenta de que era una verdadera pasión para mí y ahora están muy lejos de lamentarlo. Mis padres en esa época pensaban lo que muchos piensan: que los peluqueros llegan ahí como una vía última porque no quieren estudiar o porque no son suficientemente inteligentes como para hacer otros estudios. Pero realmente requiere y demanda muchas cosas: una gran cuota de psicología, ser un muy buen manager para llevar la gestión de un salón, una gran atención del personal (hay que motivarlos) y de los clientes, además requiere buena salud porque es cansador. También es una profesión que exige mucho a los profesionales porque tienen que estar a la vanguardia, y esto requiere una gran inversión para aprender. Por eso los profesionales de la peluquería son aprendices eternos, para estar siempre en la cima.
En los desfiles en que participas, ¿ves un desequilibrio entre peinados y vestuario?
En todos los Fashion Weeks, en cualquier lugar donde se lleven a cabo, los diseñadores tienen tendencia a minimizar el tema cabello para poner en valor sus propias creaciones. Pero nosotros sabemos que una mujer por más que esté muy bien vestida, de una forma muy sofisticada, si no tiene un buen peinado no está terminada. Los estilistas decimos siempre que el cabello es la continuidad de una vestimenta, no puede haber uno sin lo otro. Y ahora poco a poco estamos logrando que esto vaya entrando en la mentalidad de los diseñadores porque hasta ahora el mundo de la peluquería no ha sido valorizado como debería serlo. En general están todos esperando las nuevas colecciones de ropa pero no pasa lo mismo con la peluquería. Es por eso que con L'Oréal estamos haciendo un trabajo muy fuerte desde hace 3 años para poder mostrarle, tanto a la gente de la calle como a los profesionales y la prensa, que el cabello es la continuidad y marca tendencia como la ropa. Para darles un ejemplo, para crear la colección “Feminine Dandy” L'Oréal trabajó desde hacía un año antes, con una oficina de estilo, gente que se dedica a cazar tendencias.
¿Qué tienen de particular estos seminarios que dictas?
Tratan de ayudar al peinador a tener otra visión de la mujer, ellos a veces tienen una visión que está un poco errada. En las grandes escuelas de peluquería de todo el mundo lo que se enseña es a usar una tijera, hacer una buena coloración, un buen corte de pelo, toda la parte técnica se enseña muy bien, pero hay una cosa fundamental que no se les enseña a los peluqueros, y es a trabajar sobre la mujer. Hay un slogan muy bello de L'Oréal que dice “Todas las mujeres son diferentes pero únicas”. Les enseño a los peluqueros que ellos están ahí también para ser asesores de la mujer, para tratar de que encuentren un estilo y una personalidad que le sean propias, a través de un color, un corte, un volumen. Para las que ya tienen un estilo y una personalidad lo que hace el peluquero es acentuarlas. Una mujer es como un libro, a medida que vamos pasando las páginas podemos conocerla mejor, su historia, y a partir de allí servirla mejor y comprender bien cuáles son sus gustos, expectativas y cualidades.
¿Hay varios tipos de peluqueros?
Sí. El primer tipo es un peluquero egoísta, que se da el gusto él mismo y no piensa en la clienta que se tiene que peinar al día siguiente ella misma. Después está el peluquero apasionado por lo que hace, que entendió que su profesión consiste en hacer que las mujeres u hombres estén felices. Y la moda en esta filosofía es un accesorio, no quiere decir que porque se usen flequillos les voy a hacer flequillo a todas las mujeres que vengan. La idea es enseñarles a hacer trabajos a medida. Es importante enseñarle a los peluqueros la interactividad con la clienta y el diálogo.
¿Qué es lo primero que haces cuando te visita una clienta?
Si tengo que cambiar un look tengo que mirar a la persona e imaginarme una foto de ella, vestida de alguna manera. Hasta que yo no tengo en mi cabeza esa foto no me animo a agarrar la tijera. Un peluquero no puede cortarle el pelo a una mujer si no tiene la fotografía de lo que quiere para ella en la cabeza. Lamentablemente el 60% de la gente que trabaja en esta profesión es gente que no debería ejercerla. Hacen un curso de 2 o 3 meses y son todos peluqueros, eso es muy peligroso, porque lo hacen solo para ganarse la vida. En nuestras escuelas son 3 años. No todos lo logran.
¿Qué piensas de una clienta que quiere tener el pelo como una persona famosa?
Las mujeres se quieren parecer siempre a alguien que no son ellas. Me parece mal porque a fuerza de querer parecerse a otras terminan por perderse ellas mismas. Hay que ayudar a la mujer a encontrar un estilo y una personalidad que le sean propias. Cuando una mujer entra a un salón es fascinante verla caminar, mirar sus gestos, porque de esta manera, observándola, el peluquero puede ayudarla a encontrar su propio estilo. Y el trabajo que estamos llevando a cabo con los embajadores de L'Oréal Professionnel en todo el mundo, es enseñarle a los peluqueros a aplicar este enfoque. El trabajo del peluquero es tratar de disimular los puntos débiles que pueda tener una cara, y resaltar los puntos fuertes que puede ser acentuar una mirada, una nariz, una boca.
¿En Europa le prestan mucha atención a esto?
Sí. No sé si existe en la Argentina, pero en Francia tenemos oficinas de Total Look. Allí trabaja un peluquero, un diseñador y un maquillador, y hay muchos hombres. Se le enseña a la gente cuáles son los colores que más les combinan con su piel, con su color de ojos. Muchas veces los que van ahí son hombres de negocios, que no saben cómo vestirse, que no tienen tan buen gusto.
¿Tienes una clasificación de clientas?
Sí. Primero hay dos tipos de salones de peluquería. Está el salón donde entra la clienta, le preguntan qué se va a hacer, corte, brushing, y la llevan, le ponen la bata, le lavan el pelo y la sientan para que corte el peluquero. En el otro tipo de peluquería entra la clienta tal como está y la sientan al lado del peluquero que está trabajando, así el profesional puede observarla, sus gestos, vestimenta, cómo se mueve, y así va a poder clasificarla dentro de cinco estilos de personalidades. El primero es la mujer clásica, que lleva en general un tailleur, un prendedor, un pañuelo, está muy bien maquillada, su peinado siempre está firme, ni siquiera una sudestada se lo puede sacar. El segundo es la mujer elegante y que está a la moda. Es una mujer de entre 30 años y 50 años que va a combinar estilos: un saco clásico muy bueno, con un jean y zapatillas y muchos accesorios de moda. Después está la natural/ecologista, que a los peluqueros no nos gusta mucho porque no nos rinde nada, no se maquilla ni peina nunca, de vez en cuando viene a cortarse las puntas. La cuarta es la víctima de la moda, que si hay flequillo se hace flequillo, si el color de moda es el rojo se pone rojo, piensa que va a estar linda por estar a la moda. El último estilo es la mujer camaleón que mezcla y tiene todos los estilos. Yo soy camaleón.
¿Piensas que alguna vez Latinoamérica va a dejar de recibir pasivamente las tendencias e imponerlas como ocurre ahora con Europa Oriental y Asia?
Por supuesto que Argentina va a crear sus propias tendencias. Yo vi a los estilistas argentinos que trabajaron con los diseñadores, y fue algo extraordinario, había mucha creatividad. El problema es que la prensa, los diseñadores, estilistas, deben hacer evolucionar a la consumidora. Las mujeres piensan que van a perder su femineidad por cortarse el pelo. Y no llegan a tener un estilo definido, porque tienen la impresión de que van a estar más feas con el pelo corto. Las extensiones funcionan muy bien en América Latina, todas las mujeres tienen el pelo largo. Y sabemos bien que llegada cierta edad la mujer es mucho más linda con el pelo más corto. A partir de mis visitas a América Latina me di cuenta de que las mujeres no se atreven a cambiar ese rumbo, y que los peluqueros tampoco se atreven a cortarle el pelo a las mujeres.
¿Y es importante el look del peluquero?
También es importante la imagen que presentan los peluqueros, ya que ellos son la vidriera de lo que hacen en sus salones. Es como una boutique, la mujer entra porque en la vidriera vio un maniqui que tiene ropa que le gusta. Nosotros debemos llevar lo que marca tendencia, lo que se usa, para poder vender nuestro trabajo.